¡Hola!Hoy os traigo la reseña de la cuarta parte de la Serie Cabana.
Esta historia va mejorando con cada libro y solo pensar que se acerca el final me da mucha penita.
¡Comenzamos!

Una chica.
Un chico.
Un ascensor.
Y un cortocircuito que los deja encerrados dentro.
Solos.
Ella apoya la espalda en la pared y se deja caer derrotada al suelo; el aire en sus pulmones se encoge y el pulso en sus venas se dispara. No le gustan los ascensores. No le gustan los espacios cerrados.
Él sale al rescate. Le explica que es técnico de ascensores; ella no podía haber tenido más suerte. Es mentira, por supuesto.
Hasta mucho más tarde, la chica no descubre las pecas en el rostro del chico. Y su olor al mar Mediterráneo.
Él la ve desde el primer instante.
Cuando los liberan, comparten una noche de risas, besos y gemidos susurrados al oído. No intercambian números de teléfono. Solo es una noche.
Ella se llama Mencía y pertenece a la unidad de Asuntos Internos. Hay un topo entre los geos y tiene que encontrarlo.
Él se llama Marcos y es geo.
Sorpresa.

Antes de empezar con la reseña, he
de decir que con cada libro amo más a esta familia.
La historia de Marcos y Mencía
comienza en un ascensor averiado. Ella odia los espacios cerrados y acaba
teniendo un ataque de ansiedad. Marcos tiene la ocurrencia de decirle que es
técnico de ascensores, cosa que obviamente es mentira.
La novela empieza fuerte, y lo mejor
de todo es que no para.
Marcos es uno de los personajes que me llamaba la atención
porque las apariciones en el resto de libros eran oro puro. Me reía mucho con
él, y algo me decía que iba a disfrutar de su historia. Toda la trama
que se desarrolla en su trabajo y todo el procedimiento para descubrir al topo
es algo que no me esperaba, pero que me ha sorprendido para bien. Ver su mundo
desde dentro y a él como líder… me ha encantado.
Mencía, por otro lado, es un
personaje con el que se conecta muy fácilmente. Desde el primer momento se ve
que hay algo detrás de su forma de ser y de sus miedos, por lo que atrae mucho.
Me ha gustado mucho su carácter: es seria cuando tiene que serlo y no le
importa poner las cartas sobre la mesa. Se enfrenta a quien haga falta para que
las cosas se hagan como deben y, sobre todo, trae a Marcos de cabeza. Es un
personaje con al que se le coge cariño muy rápidamente.
El único problema que he tenido con
su romance es que me ha costado conectar con él. Adoro a Mencía y Marcos por
separado, pero su relación se me quedó corta. Me faltaron escenas entre ellos
que hicieran avanzar su trama.
Creo que esto viene porque el resto de hermanos los han
eclipsado. Las apariciones de los Cabana son algo que adoro y lo sabéis, pero
creo que en este caso solo han logrado restarles protagonismo a Mencía y a
Marcos, relegando su trama a algo más secundario cuando no tendría que ser así.
No
obstante, me ha parecido una buena
historia, que mantiene la esencia de sus predecesores: Verano y Mediterráneo,
familia, risas y muchísimo amor. La he disfrutado mucho porque esta serie te
envuelve y no te suelta.
Después de este libro, Susanna publicó una historia corta, El último minuto de nuestras vidas (lo podéis comprar haciendo click en este enlace), que nos cuenta, por un lado, las primeras escenas de Jaime y Juls (hermano de Mencía) y, por otro, un viaje relámpago a un concierto de Dylan que termina con un nuevo Cabana. Además, revela la trama que se desarrollará en el quinto libro, por lo que merece la pena leerlo.
“Creo que los besos demuestran lo que las palabras u otros actos a veces no pueden"
Se acerca el final, y creo que estoy entrando en modo negación. Los Cabana se han convertido en un refugio y leerlos siempre
es un placer.
¿Lo habéis leído? ¿Qué me decís de él?
Nos vemos en al próxima reseña ♥
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